Es increíble que no hubiese un hombre capaz de emprender una revuelta; no era por falta de buenos guerreros, sino porque ninguno de ellos era según el plan del Señor, porque “en aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía como mejor le parecía” (Jueces 17:6). Entonces, una Profetisa surgió como Juez: Déborah. Excluyendo al Profeta Shmuel, quien es considerado como el último de los Jueces y que gobernó sobre todas las Tribus, Déborah tuvo al menos tres características exclusivas que hacen de ella la única entre todos los Jueces:
·Ella fué la única Juez mujer;
·Ella fué la única de los Jueces que fué también Profeta;
·Ella fué la única que juzgó sobre todo Israel, mientras que todos los demás Jueces gobernaron sólo sobre la propia Tribu.
Suena extraño en la boca de un guerrero valeroso, comandante de un ejército, pedirle a una mujer de acompañarlo a la guerra, porque si no, él no iría! Este hecho nos muestra qué tipo de carácter era el de Déborah, que era capaz de inspirar aliento y cuya autoridad profética era esencial para el desarrollo de la batalla.
(Jueces 17:6).
